El borrador ya está escrito cuando abres el correo
La IA lee lo que entra y te prepara la respuesta. No la manda: la deja en borrador para que la revises, la ajustes si hace falta y decidas tú. Es la diferencia entre ahorrar tiempo y perder el control de lo que sale con tu nombre.
Y responde como tú le digas: en el idioma que marques para cada cuenta, con tu firma y con las instrucciones que le escribas —«sé breve», «trata de usted», «no prometas plazos»—. Cada cuenta puede tener las suyas.
Para los correos largos, un resumen antes de abrirlo. Cuando llegan cuarenta al día, saber cuáles importan es la mitad del trabajo.