Reuniones
La reunión se escribe sola
Le das a grabar desde el navegador y, al colgar, tienes el acta hecha: el resumen, los puntos clave y quién se comprometió a qué. Y si se hablaron precios, el presupuesto preparado.
La reunión se escribe sola
Le das a grabar desde el navegador y, al colgar, tienes el acta hecha: el resumen, los puntos clave y quién se comprometió a qué. Y si se hablaron precios, el presupuesto preparado.
Lo que se acordó deja de depender de quién tomaba notas, y quien no fue se pone al día en dos minutos.
Sale de la reunión con el presupuesto preparado, no con la nota de «hacer presupuesto».
Preguntas qué se dijo de un tema y el buscador lo encuentra dentro de la transcripción.
Sales de una reunión de una hora con tres folios de apuntes y la sensación de que algo se te ha escapado. Dos semanas después, cuando el cliente dice «pero si quedamos en…», nadie puede comprobarlo. Y si quien tomaba las notas ese día no está, no hay ni folios.
La grabación se transcribe entera y la IA saca el acta. Después el buscador y el Agente IA la encuentran: preguntas qué se dijo de un tema y te lo sacan del texto, no del título. Lo hablado deja de vivir en la memoria de una persona.
Se graba desde el navegador. Ni app, ni plugin, ni un bot que se une a la videollamada y pone nervioso a todo el mundo.
El modelo de OpenAI, que entiende castellano y catalán con acento y con ruido de fondo. Hasta reuniones largas.
Resumen de lo que se habló y se decidió, los puntos importantes, y las tareas con nombre y fecha — quién se comprometió a qué y para cuándo.

No es una transcripción bonita: es trabajo hecho.
Cuando en la reunión se han mencionado servicios, productos o importes concretos, la IA saca un borrador con sus conceptos, cantidades y precios, y las condiciones o plazos que se hayan comentado.
Un clic y es un presupuesto de verdad: con el número de la serie oficial, las líneas puestas y listo para enviar.
Lo dejamos en borrador a propósito. Lo que una IA ha entendido de una conversación hay que mirarlo siempre — pero el trabajo de escribirlo ya está hecho, y eso son veinte minutos que no vuelves a la oficina a repetir.
Y si en la reunión no se habló de precios, no se inventa ninguno. La instrucción es explícita: no poner nada que no se haya dicho.
Se enlaza al cliente o a la oportunidad, y sale en su ficha junto a sus correos, sus WhatsApp y sus facturas.
Se puede lanzar la grabación desde la propia cita del calendario, incluidas las de Google Calendar. Si la cita tenía cliente, la reunión lo hereda.
Escribes un nombre o un tema y sale, buscando dentro de la transcripción. No hace falta recordar de qué día era.
Preguntas «¿qué acordamos con este cliente sobre el mantenimiento?» y el agente busca en las reuniones grabadas de esa persona y te contesta con lo que se dijo.
Es la diferencia entre tener las reuniones guardadas y poder usarlas. Un archivo de grabaciones que nadie vuelve a abrir no vale nada; uno que responde preguntas, sí.
Sales con el presupuesto preparado en vez de con la nota de «hacer presupuesto». Se envía el mismo día, no el jueves.
Los acuerdos quedan con nombre y fecha. Nadie discute quién dijo que se encargaba.
Lo que prometiste queda escrito. Cuando dentro de seis meses haya dudas, hay dónde mirarlo.
En vez de contarle la reunión, le pasas el resumen. Los tres puntos clave y los acuerdos, no cincuenta minutos de audio que nadie va a escuchar.
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se graba desde el navegador, sin programas ni extensiones
es lo que tienes escrito al colgar, no una transcripción en bruto
lo que la IA entiende de una conversación se revisa antes de usarlo
Se activa desde el navegador, sin instalar nada. Si quieres verlo antes sobre tu caso, agenda una reunión — y la grabamos.