Facturación
Facturar deja de ser la tarde del viernes
Emites, envías y cobras desde el mismo sitio. Los datos del cliente ya están puestos, la numeración es correlativa por obligación legal, y las facturas que no te pagan se reclaman solas.
Facturar deja de ser la tarde del viernes
Emites, envías y cobras desde el mismo sitio. Los datos del cliente ya están puestos, la numeración es correlativa por obligación legal, y las facturas que no te pagan se reclaman solas.
Sabes qué te deben y desde cuándo, con los días reales que tardan en pagarte.
Las facturas se reclaman solas. Se acabó el correo de recordatorio escrito a mano.
Cada trimestre son dos CSV con todas las columnas que pide, importables a A3 o Contaplus.
Emitir la factura son cinco minutos. Lo que come el tiempo es lo de alrededor: buscar el NIF, calcular el vencimiento, acordarse de enviarla, mirar quién no ha pagado y escribir el correo de recordatorio. Cada mes, con cada cliente.
Eliges el cliente y entran solos su NIF, su forma de pago, su IRPF y el vencimiento calculado con sus días de pago. Eliges un producto y entra el precio, el IVA y la descripción. Lo único que escribes es lo que cambia.
Cada serie lleva su correlativo con bloqueo por transacción: nunca dos facturas con el mismo número, ni un salto. Es requisito legal y aquí no depende de que nadie lo vigile.
Registras un pago a cuenta y la factura queda en parcial con lo que falta. Cuando se completa, pasa a pagada sola.
Las mensuales, trimestrales o anuales se generan cada mañana a las 7:00. Y si lo activas, se envían al cliente sin que nadie haga nada.
Perseguir impagados es el trabajo que todo el mundo pospone. Aquí no hace falta acordarse.
Cada mañana a las nueve, el sistema mira las facturas sin cobrar y manda lo que toca: siete, tres y un día antes del vencimiento, y uno, siete, catorce y treinta días después.
El mensaje se adapta: no dice lo mismo un aviso de cortesía tres días antes que uno de treinta días de retraso.
Solo salen para facturas que tienen vencimiento y correo del cliente, y dejan de salir en cuanto se cobra. Nadie recibe un recordatorio de algo que ya ha pagado.
Cuánto te deben y desde cuándo, por tramos: al corriente, 30, 60, 90 días y más. El informe que te pediría el banco.
No los que pactaste: los que tardan de verdad. Se calcula con la fecha de emisión contra la de pago.
Con Stripe conectado, tus clientes pagan la factura con tarjeta desde su acceso. Menos llamadas de «¿me pasas el número de cuenta?».
El agente tiene acceso real a la facturación: no te explica dónde está el botón, te da la respuesta o hace el trabajo.
«¿Qué facturas siguen sin cobrar de más de 30 días?» Te las lista con el importe y el cliente, y te ofrece mandar el recordatorio a los tres de golpe.
«Hazle la factura a este cliente de lo que hablamos.» La crea con la serie oficial, las condiciones de pago de ese cliente y el sellado fiscal — por el mismo camino que si la hicieras tú, sin atajos.
«¿Cómo vamos este trimestre?» Cruza facturas y gastos y te da la base repercutida, la soportada y el resultado del IVA.
Y si se ha ido de precio o de fecha, la corriges antes de guardar. Las acciones con consecuencias esperan tu visto bueno.
Una factura emitida no se puede borrar ni cambiar: la ley no lo permite y el sellado fiscal tampoco. Lo que se hace es rectificarla.
Los dos métodos que contempla la norma. Eliges cuál según el caso y el sistema calcula el importe efectivo.
Cada rectificativa lleva la causa que exige la normativa, y queda enlazada con la factura que corrige.
El sistema comprueba antes si esa factura ya tiene rectificativa, y si no se puede te dice por qué.

Un presupuesto aceptado se convierte en factura con un clic, con sus líneas y su IRPF. Y no se puede facturar dos veces: el botón desaparece.
Las horas fichadas e imputadas a un proyecto pasan a factura sin recontarlas, con el precio del producto de cada tarea.
Las notas de entrega se convierten en factura sin volver a teclear las líneas, con filtro de lo entregado y aún no facturado.
Con su número, la fecha y a qué correo fue. Dentro de seis meses, cuando alguien pregunte «¿esto se le llegó a enviar?», la respuesta está ahí — y no depende de que nadie se acuerde.

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