Circuito 1 · De un mensaje a una factura cobrada
Entra un WhatsApp. El sistema mira quién escribe: si es un empleado, le ficha la entrada; si tiene una cita pendiente, le gestiona la cita; si no, atiende como cliente. Nadie tiene que recordar ninguna palabra clave.
La IA lee y califica. Si envía una nota de voz, se transcribe. Si manda una foto o un PDF, también los lee. Responde con la documentación de tu empresa y le pone un nivel de interés — Alto, Medio, Bajo o Sin Interés — con una nota explicando por qué.
Si supera el listón que tú marcas, se crea el cliente potencial solo, con la conversación entera enganchada. El listón lo pones tú: solo los calientes, o también los templados.
Y si esa persona ya estaba en una secuencia de seguimiento, la secuencia se para sola. Nadie vuelve a recibir un recordatorio automático de algo que ya ha contestado.
De ahí en adelante: conviertes el lead en cliente con un clic y se lleva todo su historial; le mandas el presupuesto, lo firma con el dedo en el móvil sin registrarse y pasa a aceptado solo; lo conviertes en factura con un clic — y ya no se puede facturar dos veces, el sistema no te deja.
Y si no te pagan, el sistema reclama por ti: hasta siete avisos por factura, tres antes del vencimiento y cuatro después, cada mañana a las nueve.